Te lo digo Omar para que lo entiendas Alfredo y, si es del Mazo, mejor.

 Te lo digo Omar para que lo entiendas Alfredo y, si es del Mazo, mejor.

 

El día que la Comisión Nacional del PRI decidió sesionar por instrucción del Presidente Nacional de ese partido, Alejandro Moreno “Alito” para entregar la candidatura al gobernador de Hidalgo al Partido Acción Nacional (PAN) se forjó un nuevo destino al interior del PRI. 

Después de su primera derrota electoral en el año 2000, los gobernadores priistas liberados del yugo presidencial, se constituyeron en una especie de caciques en sus respectivos estados. Nada extraño, pues en realidad era la involución hacia ese partido que fundó Plutarco Elías Calles como una confederación de caciques posrevolucionarios.

Al arribo del foxismo y su estrategia de mantener el Estatus Quo, los gobernadores de ese partido actuaron como un colectivo sin que se les permitiera a otros “meterse” en sus estados.

A la llegada de Enrique Peña Nieto a la Presidencia de la República se pensó que así tendría que seguir, pero no. En la raigambre priísta está el ADN del presidencialismo y la férrea disciplina.

Sin embargo, la nueva derrota del priismo en 2018 prefiguró de nueva cuenta el escenario que ya habían pasado; ese que se acuñó junto a la frase de que: a falta de presidente, gobernador

Pero lo que pocos priistas imaginaron fue el de un priismo que se reducía a un puñado de gobernadores y un desprestigio en el electorado que difícilmente se podría remontar.

Por eso, sigilosamente el nuevo presidente del partido, Alejandro Moreno, que aún siendo gobernador de su estado, prefiguró como buen campechano y como filibustero, llamar al abordaje de un galeón y tomar el control absoluto de la nave.

Cambió estatutos, modificó su Comisión Política Nacional, reinventó alianzas con los grupos de poder que se consideran herederos de ese partido y, finalmente, se arropó para tomar las candidaturas en su poder. 

Alito, ha dado un golpe en la mesa. Alito ha mandado un claro mensaje a los gobernadores y al resto de los grupos que se han coaligado en su contra. Las decisiones y las candidaturas no las determinarán los gobernadores, las tomará el partido y el partido es él. 

El sainete entre el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad y Alito, no es más que el producto de una decisión tomada y que además servirá de ejemplo y mensaje. Algo así como te lo digo Omar para que lo entiendas Alfredo y, si es del Mazo, mejor.

 

Ricardo Moreno Bastida

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