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En días pasados, participé en la XIV Cumbre Mundial de Comunicación Política, donde hablé sobre los riesgos y consecuencias que resultan de no proteger adecuadamente los datos personales durante procesos electorales y de los casos que se dieron en México por afiliación indebida, vulneración del padrón electoral por partidos políticos, manipulación desde el gobierno para atacar a contrincantes políticos y el mal uso de los datos personales para candidaturas independientes, entre otros, lo cual hace ver que la normativa que se establece en México para su aplicación resulta compleja y en ocasiones limitada, no sólo ante las artimañas electorales sino ante el uso de las nuevas tecnologías que han ideado los estrategas políticos, para lograr un impacto en los usuarios habituales de las redes sociales.

Actualmente, los partidos políticos se han tenido que adaptar a las nuevas realidades que la sociedad de la información exige para poder transmitir sus mensajes de mejor forma, esto, ha generado desafíos para mantener la confianza de sus militantes y simpatizantes en cuanto hace al manejo de su información y como sabemos la confianza se gana lentamente y se pierde en un instante.

Hemos sabido que las vulneraciones a la seguridad e intimidad de las personas han tenido repercusiones relevantes para la toma de decisiones en diversos países, al grado que 42% de los usuarios globales de Internet, creen que sus datos están siendo mal utilizados de acuerdo con wearesocial.com; sin embargo, se calcula que se suman 11 nuevos usuarios de redes sociales por segundo, lo que para enero del 2019 serían más de 3 mil 260 millones de personas que utilizamos redes sociales en dispositivos móviles, lo cual es enormemente atractivo para los Spin Doctors del momento.

La anterior información, nos habla por un lado de la necesidad que tiene la persona de mantenerse en constante conexión con su mundo digital y por otro lado los desafíos para que la información que se transmite sea verídica y sirva para los procesos democráticos, ya que ésta puede ser fácilmente manipulada en beneficio de causas o personas concretas; además, el uso de la información personal en estos contextos digitales y de determinadas aplicaciones, facilita la creación de perfiles ideológicos de los posibles votantes, para explotarlo políticamente.

Estonia por ejemplo, ya lleva a cabo sus elecciones por internet, lo que representa un cambio de paradigma en la forma tradicional con la que se maneja gran parte del mundo todavía; para esto aplicarse en México implicaría entre otras cosas, una gran dosis de confianza en las instituciones, desarrollar el concepto de ciudadanía digital de forma acelerada, una reestructuración normativa que asegure la identidad de los mexicanos con el menor riesgo de manipulación populista o de estas herramientas y aplicaciones que han generado un escándalo mundial, además de generar una credibilidad democrática y espacios de dialogo con la ciudadanía y una participación activa, para que no se vuelva un problema más que una solución.

Para concluir, las redes sociales y la tecnología deben ser vistas como un beneficio para la vida cotidiana y la democracia, avances como la inteligencia artificial o el internet de las cosas son una realidad, pero también tienen sus riesgos, para mitigarlos es necesario fortalecer nuestras instituciones crear vínculos entre éstas y las organizaciones de la sociedad civil y de ciudadanía activa, desarrollar la cultura de protección de datos y formar los criterios de la persona para que use las herramientas con conciencia y evite ser manipulado, cuidando su seguridad, privacidad e información personal, la cual se debe seguir resguardando con ahínco.

*Comisionado en el Infoem

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