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¿Sabías que durante esta contingencia más gente puede morir de hambre que a causa
del coronavirus?

El COVID -19 es un fenómeno global que está afectando la salud y amenazando la vida de un
gran número de personas en todos los países del planeta, sin embargo, el enemigo principal
de la humanidad continua siendo la pobreza que en momentos de crisis, como el que estamos
atravesando, se hace presente con mayor fuerza afectando incluso a los que parecían no estar
en riesgo.

En México, al momento de escribir esta opinión según cifras oficiales, existen 1,215 casos
confirmados de COVID-19; de los cuales el Estado de México tiene 149 casos convirtiéndose
en la segunda entidad del país con mayor número de enfermos confirmados. Lo que ha
llevado a las autoridades estatales a reducir el flujo de personas en las calles pidiendo que
empresas, negocios, establecimientos comerciales, entre otros, cierren sus puertas y cancelen
sus actividades económicas para evitar la propagación del virus.

Como ciudadano comprendo y hasta respaldo la medidas de salud que las autoridades han
determinado, no obstante, considero que en un estado donde el 58% de los trabajadores son
informales y su ingreso tanto personal como familiar depende totalmente de los servicios que
ofrecen y de las ventas que hacen cada día, se requieren medidas urgentes en materia
económica y social. No es suficiente la donación de casi un millón de despensas que el GEM
emprendió como medida inmediata, estamos hablando de 7.7 millones de mexiquenses, casi
dos millones de familias que tienen su ingreso comprometido como daño colateral.

Para ejemplificarlo de manera más sencilla, entendiendo que en el estado somos poco más de
16 millones de habitantes, si no se ejecutan estrategias de recuperación económica eficientes
es como si se se dejara sin comer, sin hogar y sin ingreso a toda la población de 58 municipios
completos de los 125 con que cuenta el Estado de México.

Si bien es cierto que el fenómeno principal, en teoría, que está afectado no solo al estado sino
a la nación entera es el COVID-19; son sus efectos colaterales y no en si el virus lo que puede
generar daños catastróficos, especialmente cuando los que deben proteger a la población de
amenazas y promover el bienestar, como principales tareas, tienen respuestas limitadas y de
tan poco impacto en la población.

Reactivar la economía estatal no es tarea fácil, no obstante, en momentos de crisis
económicas se ha comprobado en todo el mundo que la intervención del estado es
fundamental para que exista recuperación. Incentivos fiscales, atracción de inversión tanto
nacional como extrajera mediante los incentivos mencionados, fortalecimiento de los
encadenamientos productivos locales, inyección de capital a pequeñas y medianas empresas
locales (no préstamos sino fondos perdidos fiscalizados), entre muchas otras acciones
concretas y que se acompañen de algunas transferencias sociales adecuadas no solo pueden
reducir el tamaño de los daños sino que pueden hasta revertir la situación actual.

Por otra parte, aunque el estado tiene un papel protagónico en la recuperación económica, sin
la participación entregada de los empresarios, trabajadores y consumidores no es posible
conseguir los resultados esperados. Por eso es tarea de todos primero exigir que nuestras
autoridades salgan del letargo y tomen acciones que como ciudadanos respaldaremos al
momento de consumir lo más local posible, de emplear nuevos elementos reduciendo
utilidades y hasta llenando de pedidos los establecimientos locales de alimentos.

*Economista y secretario de la Fundación Plan México

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