En el Estado de México la adversidad se ha convertido en la regla y las oportunidades en la excepción; por ello nuestra postura frente a las malas noticias ha pasado de la indignación a la indiferencia. Que la población en situación vulnerable, compuesta principalmente por las infancias y personas con discapacidad o en pobreza, enfrente injusticia o adversidad dejó de incomodarnos como sociedad mexiquense al grado que la reacción más común ante esto es la sonante queja: “es culpa del gobierno de cuarta”.
Décadas acumuladas de indiferencia, injusticia y abuso no han sido culpa absoluta de los gobiernos partidistas ni de las administraciones en turno sino responsabilidad compartida entre los ya mencionados y una sociedad preponderantemente egoísta y “lava manos” que aspira a adjudicarse los buenos resultados pero a responsabilizar a los demás de los fracasos tanto personales como colectivos.
Los buenos actos producen hechos sobrenaturales. Ya lo he mencionado en este mismo espacio recordando al maestro Antonio Caso. Empero el paso previo a un acto bueno es responsabilizarse de algo o alguien, lo que muchos considerarán “tener una causa”. Reconocer que no son los problemas sino mi problema y que sumando voluntades se acumulan suficientes actos buenos para recibir el milagro de transformación, justicia y bienestar para esa causa.
En todo ser humano, más allá de su nacionalidad o preferencias, hay una verdad cuasi absoluta: nos ocupamos de lo que es nuestro. Sin sentido de pertenencia y posesión difícilmente meteremos las manos por algo o alguien y aquí se encuentra el punto nodal de este texto. ¿Qué o quién podría (debería) dejar de ser asunto del gobierno o de los demás para comenzar a ser asunto tuyo?
En los últimos meses, a través de la sociedad civil, he tenido la oportunidad de ocuparme, junto con un equipo de mujeres y hombres, de un problema grave que aqueja a las infancias en el Estado de México, la enfermedad pero también las deficiencias del sistema de salud pública. Pasaron de ser “los niños con cáncer”, “los papás que se manifiestan”, “las y los malos servidores públicos del sector salud” a una nueva sala de diálisis peritoneal para todas las niñas y niños del estado; también a una navidad llena de diversión y regalos o a un renovado espacio de terapia física. Se convirtieron en nuestras niñas y niños.
Con la historia anterior no pretendo caer en la soberbia de pensar que ahora las infancias del Estado de México están completamente a salvo o que todo el sistema de salud estatal ha cambiado. El sentido de compartir esta gratificante experiencia es inspirar a algún alma sensible que esté dispuesta a hacer suyo algún desafío social y convertirlo en buenas noticias.