Dossier semanal | Autocontención y resiliencia

 Dossier semanal | Autocontención y resiliencia

La política es la única actividad humana en donde se puede morir varias veces y resucitar. – Sir Winston Churchill.

Los políticos pueden ser seres excepcionales, sea por su vocación de estadistas (servir al poder público con el fin superior de la estabilidad y desarrollo nacional) o por su genuflexión para comer sapos y todavía decir “qué ricos”.

A los primeros los distinguen sus principios éticos y voluntad inquebrantable que los hace gozar de una serenidad a prueba de todo conflicto político y como ajedrecistas, siempre están listos para el siguiente movimiento. A esa capacidad algunos le llaman “AUTOCONTENCIÓN” que se entiende como decisiones políticas en las que el gobernante prefiere abstenerse de actuar a pesar de que la ley lo faculte a hacerlo, porque persigue un bien superior o no quiere polarizar.

Quizá el ejemplo más reciente lo tengan Higinio Martínez en Morena y Ana Lilia Herrera dentro del PRI; en ambos casos sus trayectorias y trabajo con las bases partidarias les dan una fuerza capaz de retar al poder o rebelarse ante él, y sin embargo no lo hacen.

Las interpretaciones pueden ser diversas pero estos actores políticos aprendieron a competir calculando las consecuencias de la derrota. Dicha autocontención es producto de una cierta formación política que la aleja del berrinche o el chantaje partidista. Deciden continuar porque su pasado es rico y no quieren agotarlo en una escaramuza política.

Reconvertir esa experiencia y fortaleza interna en una nueva estrategia o acción política también requiere de resiliencia, entendida como capacidad para superar circunstancias traumáticas.

Y la derrota política suele ser muy dolorosa, pero como dijo Churchill: en la política uno puede morir muchas veces y resurgir. Un buen síntoma de cualquier sistema democrático, en consecuencia, es no solamente la aceptación del adversario “es el adversario el que me define, es el otro el que me complementa”  y en la dialéctica política, que es la lucha constante entre quienes tienen una posición y quienes la confrontan, la naturaleza del poder estriba en la cualidad que tiene uno para debatir con otro, sabiendo que ese otro es su complemento.

Eso es lo que permite distinguir a los adversarios de los enemigos, pues mientras los adversarios se respetan y se mantienen vivos (siendo el complemento de mi “yo”), al enemigo se le extermina. La política no puede estar basada en la lógica de amigo-enemigo que mucho se utiliza en el discurso, pero no en la práctica, pues estaríamos en un modelo autoritario, que no es el caso.

La autocontención institucional debiera llevar de la mano no solamente el respeto al otro, sino la disputa de los canales que Chantal Mouffe establece, es decir, el agonismo como una lucha permanente por constituir una nueva hegemonía, lo que sigue sin comprenderse entre muchos observadores políticos.

Si se piensa en categorías fatales, por ejemplo, que Morena va a sustituir a todo lo que representó el viejo PRI, adicionalmente a que algunos consideran que el renacimiento del PRI es realmente la Cuarta Transformación (PNR, PRM, PRI, Morena, como indica el meme). En realidad, Morena representa un régimen político distinto a lo que fue el viejo priismo alimentado por el origen del nacionalismo revolucionario y por actores políticos que se formaron en esa corriente; Morena además tiene un origen con liderazgos de izquierda y populares.

La autocontención institucional es entonces cómo evitar que se desborde de los cauces legales la disputa política, partiendo de la tolerancia mutua y de esta vocación de ver en el otro el complemento.

En las próximas semanas lo que vamos a estar viendo en todos los partidos políticos es quién tiene mayor capacidad de autocontención y de resiliencia.

Lo que hace posible que los actores políticos decidan participar en el partido en el que militan es la lógica del incentivo, Morena tiene incentivos muy importantes como el Gobierno de la República, mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados además de sus 20 gobernadores.

En cambio, en el PRI ¿qué incentivos puede ofrecer a los aspirantes que no se sienten conformes con la designación de Alejandra del Moral? y ahí el PRI tiene un año en el gobierno, un año en la cámara y algunos espacios en las presidencias municipales, pero después de junio del próximo año si pierde la gubernatura, estos se van a reducir significativamente.

En el ámbito local habrán perdido la principal fuente del poder que durante décadas los mantuvo como una clase política fuerte y organizada; pero además, a nivel nacional el partido está reducido a una expresión mínima en donde únicamente le quedan los gobiernos de Coahuila y el Estado de México.

El PAN tiene también un incentivo que no ha sabido administrar correctamente, pues le convendría jugar solo en esta elección a sabiendas de que van a ser derrotados pero por un fin mayor: convertirse en el partido de oposición que realmente dispute el poder a Morena como una segunda fuerza vigorosa que se pueda reinventar.

Infortunadamente la mayoría de los actores políticos piensan en la inmediatez y la lógica del triunfo rápido y eso los aleja de la autocontención, no tienen la capacidad de ver el horizonte y de apostarle al futuro.

Juan Carlos Villareal Martínez

http://marcajelegislativo.com

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