Salario rozado

 Salario rozado

Desde el inicio de su administración el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, ha invertido gran cantidad de recursos tanto humanos, como financieros y hasta de comunicación en lo que se considera su programa estrella: el salario rosa.

Dicho apoyo social, según fuentes oficiales, busca contribuir a elevar el ingreso económico de las mujeres de 18 a 59 años de edad que habitan en el Estado y se encuentran en condición de pobreza, se dedican al trabajo del hogar, no perciben remuneración y son responsables del cuidado de una o más personas con alguna discapacidad, mediante el otorgamiento de transferencias monetarias y capacitación para el desarrollo humano.

En el papel, todo medianamente bien con el salario rosa, bajo la lógica de que en el Estado de México más de la mitad de la población no cuenta con los ingresos suficientes para sobrevivir.

Además, las estadísticas comprueban que cuando se trata de pobreza las más afectadas son las mujeres; y digo medianamente bien con el programa porque su visión es sumamente corta frente al enorme desafío en materia social que tienen las autoridades mexiquenses, sobre todo ahora que se atravesó una crisis tanto económica, como sanitaria bastante severa.

Pero si en el papel es limitada la propuesta, ni que decir en la operación. El salario rosa es un programa sin conciencia social, pues más allá de procurar un beneficio para las mujeres mexiquenses se ha constituido como un mecanismo de maniobra electoral temporalmente funcional, y además, carísimo.

El monto asignado al programa alcanza el 1.1% del presupuesto de egresos del Gobierno del Estado de México: aproximadamente 3 mil 300 millones de pesos.

Si este monto se gastara en transferencias directas a las mujeres mexiquenses se estaría beneficiando con un ingreso de bienestar mínimo por todo un año a más de 160 mil mujeres, lo que representaría un golpe frontal al problema de pobreza en el Estado, de hecho, pues se estima que con una práctica así la población en pobreza reduciría hasta un 12.5%.

Mientras se agudiza cada vez más la pobreza en el territorio mexiquense, el programa estrella del gobernador gasta 4.6 millones de pesos en compra de playeras, gorras y banderitas para celebrar al Ejecutivo la entrega generosa de tarjetas bancarias con $2,400 bimestrales que, por cierto, no representan ni el ingreso mínimo mensual que una persona necesita para sobrevivir, según lo que CONEVAL establece como ingreso de subsistencia.

A todas luces el salario rosa presenta gran cantidad de inconsistencias e incongruencias en términos no solo de lo que su propio objetivo establece, sino también de las necesidades reales que tiene el Estado de México actualmente y más allá de ser rosa, parece que el programa está muy rozado.

*Economista y secretario de la Fundación Plan México

Alexis Olvera Pino

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