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¿FONDOS DE AHORRO O FONDOS DE INVERSIÓN?

Hace algunos días, en medio de la turbulencia por la cancelación de la obra del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco escuché una revelación que me dejó con la boca abierta: el todopoderoso de las comunicaciones en México señalaba sin rubor alguno que ni él, ni su familia había invertido un solo peso en esa obra.

Quien habría invertido eran las afores y fondos de inversión en las que cotizan los trabajadores de sus empresas, mismos fondos y afores que administra su banco; se trata pues de una inversión con dinero de los trabajadores de Carlos Slim a quienes nunca se les preguntó o tomó opinión.

Es cierto: las afores tienen la posibilidad de invertir en bonos, acciones y en general en todas las operaciones bursátiles hasta un porcentaje del total de los fondos depositados por los trabajadores, como lo establece la propia ley.

Lo revelador en este caso es que durante varios años se engañó a la ciudadanía o, al menos, se informó equivocadamente que Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, habría invertido parte de su gigantesca fortuna para el financiamiento del nuevo aeropuerto.

Pues no, de su propia boca sabemos ahora que quienes invirtieron fueron sus trabajadores y las constructoras de grupo CARSO ejecutaban obras en ese megaproyecto; de esta forma el señor ganaba doble: una parte por las comisiones que cobra a los trabajadores por invertir su dinero y otra por ejecutar la obra donde sus trabajadores “invirtieron” dinero.

Vaya situación; no cabe duda que a muchos poderosos y empoderados les gusta hacer caravana con sombrero ajeno. No puedo afirmar en este momento si lo hecho es ilegal, me falta mucha información para asegurarlo, pero lo que sí puedo decir es que es inmoral y las autoridades deberían proceder a investigar.

Lo innegable es que las autoridades no sólo lo sabían, sino que consintieron esa situación.

Con la declaración de Slim, que consta en todos los medios de comunicación, queda al descubierto lo negado reiteradamente por el gobierno de Enrique Peña Nieto: Detrás de la construcción del frustrado aeropuerto se tejieron negocios inconfesables.

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