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FOTO: ML

La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), celebró 75 años de autonomía con un Congreso sobre pensamiento, diálogo, debate y crítica; donde varios expertos coincidieron que los dos más grandes riesgos que atraviesan las instituciones son: el control económico y la intervención política.

Del 17 al 20 de septiembre se reunieron especialistas, académicos y juristas de América y Europa, para hablar sobre autonomía, democracia y gobierno universitario, donde dejaron claro que las universidades de México y el mundo atraviesan una profunda crisis, sobre todo por presiones financieras, problemas de orden político y académico.

Es ahí, coincidieron, cuando una celebración sirve no sólo para festejar sino para reflexionar en qué momento está la universidad, para definir los límites de la autonomía y saber por dónde defenderla, pero sobre todo para tener claro que la mejor arma es la defensa sin conflicto ni confrontación: es forjar una relación de respeto mutuo.

UNAM UN REFERENTE

Hugo Casanova Cardiel, especialista de la UNAM, puso como ejemplo a la máxima casa de estudios del país, no como modelo, sino como un referente para quienes sienten vulnerada su autonomía, donde lo que más funciona es el respeto, no la confrontación; demostrando las condiciones y necesidades de la autonomía.

Esta, dijo, no es un derecho en abstracto de los universitarios, es la condición necesaria para hacer el trabajo universitario, para que la universidad cumpla con su tarea ante la sociedad de generar el conocimiento necesario y extender los beneficios del saber presente y futuro.

La universidad, refirió, no es ente inmóvil, ni un ente monolítico, se hace y cada día tiene nuevos retos, igual que en los países ricos como Alemania, Francia o Espala, donde hay una profunda crisis generada por presiones financieras.

En México el problema no se agota con los números y el dinero, también hay dificultades de orden político y académico, porque la sociedad plantea retos importantes para la universidad, sobre todo cuando el país vive una transformación que implica oportunidades, pero también problemas, por la adecuación a un nuevo marco jurídico.

Pero se debe entender que la autonomía no es de una vez y para siempre, está en re definición permanente, con distintos grados y tipos, dependiendo de la legislación de cada institución, articulada a su tiempo y espacio.

En el caso de la UNAM para evitar la presión de una ley que fue hecha en 1945 y no puede responder igual 75 años después, decidió conservar esa norma y no arriesgarse, pero si ha modificado sus reglas secundarias y con eso ha logrado salir adelante.

El tema del dinero, dijo, si es crucial, se necesitan más recursos, no convertirse en una falsa universidad pública con cuotas de escuela privada, entender que la gratuidad en un país de asimetrías sociales tan grades no es un reclamo sin sentido, menos cuando siete de cada 10 jóvenes que no logran estudios de nivel superior y migran para trabajar o están en el crimen organizado.

El tema es que sin presupuesto no se puede pensar en un acceso irrestricto a la universidad, porque simplemente no hay donde sentarlos, aunque eso no le quita su condición de justicia social.

NO A ELECCIONES ABIERTAS

El rector de la máxima casa de estudios de la entidad, Alfredo Barrera Baca, consideró que la universidad autónoma es condición indispensable para que el pensamiento y la creación libre den racionalidad a las decisiones de gobernantes y ciudadanos, y sea palanca del progreso social e institucional.

Los desafíos que encara el país en todos los ámbitos no pueden ser resueltos sin el conocimiento científico, tecnológico y humanístico que inculca la universidad pública, siempre con el rigor de la objetividad y la confiabilidad, en la verdad y la justicia.

Sin embargo, hoy atraviesan circunstancias políticas y sociales que les plantean la necesidad de examinar las relaciones entre la Universidad Pública y el gobierno.

“De nada le sirve al país una universidad sumisa y obediente, o peor aún, una universidad presa de las disputas políticas clientelares que se nutren de procedimientos populistas y se justifican a sí mismos con el discurso pretendidamente democratizador”.

Así señaló a la propuesta de un grupo de universitarios que busca elegir a las autoridades universitarias mediante el voto directo y universal, el cual por más participativo que sea consideró injusto para los colectivos más calificados y con mayor conocimiento de la universidad, como son los profesores, los investigadores y los creadores de arte y cultura.

El voto universal en las universidades, sostuvo, promoverá la elección de la persona con mayor popularidad y simpatía y no al hombre o a la mujer con mayor mérito y reconocimiento académico.

“Es así que estamos en una encrucijada, o la Universidad Pública se deja envolver en las propuestas populistas y los vientos que soplan a favor de la ideologización de la enseñanza, o se fortalece desde sus principios éticos basados en el trabajo colectivo de los cuerpos académicos, los órganos de consulta y los órganos de gobierno colegiados en donde se delibera y decide el desarrollo científico y académico de la universidad”.

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