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Actualmente casi 17 millones de personas habitamos el Estado de México, uno de los Estados más grandes tanto en territorio como en densidad población, pero también, donde más habitantes se encuentran en situación de pobreza y pobreza extrema.

Se estima que entre el 50% y el 52% de la población mexiquense, es decir, cerca de 8 millones y medio de personas viven cada día con la incertidumbre de qué comerán,  dónde pasarán la noche e incluso, en algunos casos, que van a vestir ellos y sus familias sin importar si se encuentran dentro o fuera de la población económicamente activa y hasta ocupada.

Para tener una idea más clara de la realidad y gravedad en que nos encontramos como entidad basta decir que por un lado ha crecido la cantidad de personas en situación de pobreza mientras que por el otro están decreciendo las oportunidades laborales al grado que tan solo en el cuarto trimestre del 2020 en el  Estado de México  se perdieron 32,766 empleos; pero eso no es todo, porque al analizar detalladamente encontramos que de cada 100 trabajos que aún se mantienen, 42 tienen una remuneración menor a $3,600 al mes que es la cantidad mínima necesaria para que una persona, según CONEVAL, adquiera lo básico para sobrevivir. En resumen, cerca de la mitad de las personas que conservan su empleo no ganan lo necesario para vivir.

Una de las premisas básicas de la economía moderna es que lo que cuesta demasiado no puede ser para todos y seguramente la mayoría estamos de acuerdo con ello, sin embargo, lo preocupante es que vivimos en un territorio donde cuesta demasiado lo que debería ser para todos, los bienes básicos.

Ante esta realidad, ¿Qué se necesita para que todos los mexiquenses tengan acceso, por lo menos, a lo mínimo necesario para sobrevivir? ¿La solución está en la creación de empleos? ¿Se requiere brindar mayor atención educativa?

Bien acentúa el pensador Gabriel Zaid, para satisfacer las necesidades de un mercado pobre, no hay que empezar por las insaciables sino por las básicas; y no ofreciendo los satisfactorios mismos, sino los medios baratos de producción. Por otro lado,  Zaid asevera también que aumentar el empleo es una meta ridícula; la verdadera meta debe ser aumentar la satisfacción de las necesidades, comenzando por las necesidades básicas de todos.

Y a todo esto, ¿Cuál es el sentido de todos los datos previamente escritos, los planteamientos compartidos y el minucioso análisis económico? Que lo que necesitamos pero también queremos los mexiquenses es satisfacer nuestras necesidades básicas y un poquito más; no queremos más  pobreza y mucho menos en  nuestra vida ni en la de nuestras familias.

*Economista y secretario de la Fundación Plan México

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