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Durante varias décadas en México, el partido hegemónico (PRI), lograba el triunfo en la gran mayoría de los distritos electorales federales del país. En aquél entonces el PAN y el PRI solían ser enemigos acérrimos y el registro de algún otro partido se otorgaba de forma casi discrecional, al no encontrarse la vida de los partidos políticos regulada a nivel constitucional.

En el año de 1963 se realizó una reforma para incorporar la figura de diputados de partido, debido a que solo un partido mantenía la representación de alrededor de 95% del Congreso.  A partir de 1964 se distribuyeron curules para los diputados de representación proporcional, para los partidos políticos que cumplieran con una votación mínima de 2.5%.

En 1972 se redujo a 1.5% el umbral de votación, debido a que la tendencia del partido oficial seguía siendo aplastante, con poco más del 84% de la representación en el Congreso.

Justo en los complejos años setenta, cuando el movimiento del 68 y las protestas estudiantiles, eran un recuerdo reciente en las familias mexicanas; en nuestro país surgían movimientos sociales como el Lucio Cabañas en Guerrero y el Estado continuaba la represión a los opositores. Muchos líderes estudiantiles y de movimientos sociales estaban en la cárcel.

En ese contexto llegaron las elecciones de 1976, José López Portillo, fue postulado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), por el PPS (Partido Popular Socialista) y el PARM (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana). Por su parte el PAN (Partido Acción Nacional), con enormes divisiones, no postuló candidato a la Presidencia de la República. El Partido Comunista, sin registro oficial, postuló a Valentín Campa, pero no apareció en las boletas y no tuvo acceso a medios de comunicación, por lo que si alguien quería votar por él tenía que hacerlo escribiendo su nombre en la boleta, aún así, consiguió alrededor de un millón de votos, los cuales fueron considerados nulos.

De esa manera, el abogado José López Portillo y Pacheco, fue candidato único para Presidente de la República, por lo que hubiera bastado que una sola persona votara por él para ser Presidente. Lo que, independientemente del triunfo, fue una gran crisis política.

En ese contexto comienza a escribirse y consensarse la reforma política de 1977, encabezada por Don Jesús Reyes Heroles, hombre indispensable para la construcción de los cimientos del sistema democrático mexicano.

Uno de los puntos importantes de la reforma política de 1977, fue la transformación de los diputados de partido (representación proporcional) y el aumento de legisladores para conformar una Cámara de Diputados (federal) de 400 integrantes: 300 de Mayoría Relativa (ganadores en las elecciones de igual número de distritos) y 100 Diputados de Representación Proporcional (electos mediante listas de partidos políticos).

En aquél entonces los partidos políticos de oposición postulaban a quienes consideraban  sus mejores hombres (porque casi en todos los casos postulaban únicamente hombres), quienes defendían el ideario y postulados del partido político en los escaños ganados por la vía de representación proporcional. En tanto, postulaban a personas que tenían posibilidades de ser competitivos y ganadores en los 300 distritos electorales del país.

La figura de la representación proporcional surge como uno de los mecanismos que podía garantizar un mínimo de pluralidad en el Congreso de la Unión, ante la imposibilidad real de lograr la competitividad de la oposición. Con esa figura la oposición logró hasta el 28% de los escaños de la Cámara de Diputados.

En la reforma de 1977 también se incorporó el registro condicionado de los partidos políticos y el reconocimiento de las asociaciones políticas nacionales, se otorgó amnistía a los opositores y se dio cause institucional a las voces contrarias al régimen. Esta reforma incrementó la pluralidad y la participación política de la ciudadanía, ya que cada vez había menor participación electoral.

En 1986 mediante otra reforma político-electoral, se incrementó aún más el número de diputados federales de representación proporcional, también conocidos como diputados plurinominales, para pasar a 200 diputados de representación proporcional y continuar con 300 de mayoría relativa. Desde entonces la representación proporcional ocupó el 40% de las curules.

Desde el nacimiento de esa figura, se les conoció como diputados de partido, justamente porque su elección depende exclusivamente de la postulación partidista por medio de una lista por cada circunscripción electoral del país; al ser cinco circunscripciones, los partidos deben registrar igual número de listas de candidatas y candidatos en las distintas regiones del país.

La figura se ha venido transformando para garantizar que el porcentaje de votos que recibe un partido político sea similar al porcentaje de legisladores que lo representan en el Congreso de la Unión, permitiendo una sobre o sub representación del 8%, es decir, que los partidos políticos podrían tener 8% más o menos de legisladores en relación con la votación obtenida.

En estos tiempos en los que inician las discusiones en el ámbito público de las posibles reformas político-electorales, vale la pena discutir sobre la figura de los legisladores de representación proporcional.

Quienes defienden esa figura argumentan que la representación proporcional recibe más votos que los diputados de mayoría, es decir, postulan que tienen más legitimidad democrática que los de mayoría. Sin embargo, es imposible votar por un candidato a Diputado de Mayoría Relativa de un partido político y votar por uno distinto de Representación Proporcional, por encontrarse en la misma boleta. Es por ello que ese argumento carece de soporte.

Habrá que preguntarnos:

¿Es necesario que existan 200 diputados que no reciben el voto directo de la ciudadanía?

¿Siguen siendo los perfiles más destacados de los partidos políticos?

¿Se continúa justificando la existencia del 40% de diputados de partido por la vía de representación proporcional?

En lo personal considero que ya no se justifica que los partidos políticos cuenten con 200 diputados de lista (representación proporcional), me parece un número muy elevado y que debería reducirse a la mitad, asignándose de la siguiente manera:

  1. A mujeres.- Con el objeto de que siempre se conforme el Congreso de forma paritaria o con mayoría de mujeres.
  2. A minorías históricamente sub representadas.- Siempre y cuando se verifique fehacientemente que forman parte de ese grupo minoritario.
  3. Partidos Políticos con menor votación.– Con el objeto de que los ciudadanos que voten por los partidos minoritarios estén representados en el Congreso.

Independientemente de la postura que cada uno sostenga, es importante abrir el debate sobre la pluralidad y representación proporcional en el Congreso de la Unión.

El verdadero sentido de la representación proporcional fue incorporar a las minorías en la discusión de los asuntos públicos, debemos retomar su objetivo original.

*Doctor en Derecho Parlamentario; Maestro en Administración Pública, Ciencias de la Educación y Derecho Electoral y Licenciado en Derecho. 

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