En un pequeño taller del municipio mexiquense de Chapultepec, entre llaves, rines y cadenas, Graciela Olivares Domínguez ha construido una historia poco común en un oficio que durante décadas se consideró exclusivo de los hombres. Con más de 30 años de experiencia, se define a sí misma como técnica en bicicletas, una actividad que aprendió casi por casualidad y que con el tiempo se convirtió en su forma de vida.
Su taller funciona como punto de encuentro para ciclistas y vecinos que buscan reparar, restaurar o ajustar sus bicicletas, pero también como el escenario de una historia de constancia, aprendizaje y resistencia frente a prejuicios.
Un oficio que nació por sus hijos
El camino de Graciela Olivares hacia la reparación de bicicletas comenzó en su propia familia. Sus hijos empezaron a practicar ciclismo con un profesor llamado Arturo, quien impartía clases y realizaba servicios de mantenimiento a las bicicletas.
En ese entorno, Olivares comenzó a observar el trabajo técnico que implicaba mantener en buen estado cada bicicleta.
“Empecé viendo cómo hacían los servicios y las reparaciones. Poco a poco fui aprendiendo y me fui involucrando”, recordó.
Lo que comenzó como curiosidad se transformó en una actividad permanente. Tres décadas después, afirma que ya no se imagina en otro trabajo.
“Ahora ya no me veo haciendo otra cosa más que reparando bicicletas”.
La precisión detrás de cada reparación
Dentro del taller, el trabajo exige paciencia y precisión. Para Graciela Olivares, el proceso de desarmar y volver a armar una bicicleta es una de las partes más satisfactorias del oficio.
Uno de los momentos que más disfruta consiste en alinear y ajustar los rines, una tarea que define la estabilidad y el movimiento del vehículo.
“Me gusta dejar los rines bien ajustados porque algunos vienen muy apretados y no ruedan bien. Desarmo la bicicleta, cambio piezas y la dejo lista para que funcione correctamente”, explicó.
La recompensa, señala, aparece cuando los clientes regresan con nuevas bicicletas para reparar.
“Cuando alguien vuelve y dice que le gustó cómo quedó su bicicleta, eso es lo que más satisfacción me da”.
La sorpresa de los clientes
En muchos casos, quienes llegan al taller no esperan encontrar a una mujer al frente de las reparaciones. Algunos preguntan por el encargado antes de descubrir que ella misma realiza todo el trabajo técnico.
“Luego preguntan si está el jefe. Les digo que yo hago la reparación y se sorprenden”, comentó.
La reacción suele repetirse. Varias personas admiten que no imaginaban que una mujer pudiera dedicarse a este tipo de servicio.
Entre prejuicios y perseverancia
A lo largo de los años, Graciela Olivares ha escuchado comentarios que reflejan estereotipos sobre los roles de género en los oficios técnicos.
Algunas personas han señalado que las mujeres deberían permanecer en el hogar. Sin embargo, la experiencia ha sido su principal respuesta.
“Cuando reviso la bicicleta y explico cuál es la falla, y luego ven que sí era ese detalle, se sorprenden”, relató.
Para ella, el trabajo cotidiano ha sido una forma de demostrar que la capacidad técnica no depende del género.
Un taller que ayudó a sostener a su familia
La actividad también tuvo un impacto en su vida familiar. Graciela Olivares afirma que el oficio contribuyó al sustento de su hogar, junto con el apoyo de su esposo, quien recientemente se pensionó.
Sus dos hijos ya formaron sus propias familias. Su hija se dedica al cuidado de sus hijos y su hijo administra una cremería, negocio en el que ella ocasionalmente colabora.
En su familia, ninguna otra mujer se dedicó a la reparación de bicicletas.
“No soy mecánica, soy técnica en bicicletas”
A lo largo de los años, Olivares ha desarrollado una identidad profesional que defiende con claridad.
Cuando alguien se refiere a ella como “mecánica”, suele hacer una precisión.
“No soy mecánica de bicicletas, soy técnica en bicicletas”.
La frase resume su manera de entender el oficio: un trabajo especializado que exige conocimiento, práctica y dedicación.
Un mensaje para las mujeres
Después de tres décadas de experiencia, Graciela Olivares sostiene que no existen límites para las mujeres que buscan desarrollarse en un oficio o profesión.
Su consejo se basa en la experiencia acumulada entre herramientas, piezas metálicas y bicicletas reparadas.
“Todo lo que se propongan se puede lograr. Con atención, ganas y esfuerzo sí se puede”.
Desde su taller en Chapultepec, la historia de esta técnica en bicicletas refleja una realidad que suele pasar desapercibida: en los oficios tradicionales también se construyen historias de resistencia, aprendizaje y cambio social.
FOTOS: DAVID VILLANUEVA.



