La calle no es oportunidad
Artículo 15. Niñas, niños y adolescentes deberán disfrutar de una vida plena en condiciones acordes a su dignidad y en condiciones que garanticen su desarrollo integral (Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, 2014).
México tiene una enorme responsabilidad con 3 de cada 10 de sus habitantes que son niñas, niños y adolescentes especialmente por ser un país de tantos matices y serias deudas sociales. Este grupo poblacional es altamente vulnerable y no solo requiere justicia social sino también cuidado particular para obtener bienestar en toda la extensión del término y es ahí donde el reto se multiplica exponencialmente.
Atender y garantizar los derechos de las personas adultas es un desafío con alto nivel de dificultad y lo sabemos porque en pleno 2026 escuchamos en los medios y experimentamos en las calles condiciones desfavorables que vulneran nuestros derechos directa e indirectamente a pesar de que contamos personalmente con edad, fortaleza y mecanismos para hacerlos valer. Cuanto más es el reto que tiene tanto el estado como la sociedad para hacer valer los derechos de aquellos que no cuentan con plena conciencia de cuando se les vulnera ni tampoco con la edad ni fortaleza para defenderse.
El gobierno ha quedado corto en cuanto a garantizar los derechos de las infancias; las políticas públicas son seriamente limitadas pero sería irresponsable no señalar que la sociedad civil también ha tenido un desempeño escueto con bastante forma pero con casi nada de fondo. Las oportunidades ofertadas tanto por uno como por el otro, en un amplio sentido, han sido simuladas y por ello el problema no encuentra solución.
Claro ejemplo de todo esto es la atención que ambos sectores brindan a las infancias callejeras. Una niña, niño o adolescente que vive, trabaja o hace vida en la calle es un infante violentado porque como lo indica la Ley citada al inicio de esta opinión, el derecho de las infancias es vivir una vida plena en condiciones dignas mismas que no se pueden conseguir en las calles aún y cuando se les acerquen alimentos o elementos para evadir dicha realidad.
Por un lado, el gobierno tiene una estrategia clara que es sacar a las niñas, niños y adolescentes de las calles aunque con poca visión de lo que sigue, ya que acto seguido los recluye en albergues que no necesariamente se convierten en hogar ni espacios de oportunidad. Por otra parte, la sociedad civil sale a las calles dando alimento, experiencias recreativas o educativas que aunque nos llenan de esperanza y acumulan gran aprobación y respaldo, realmente no abonan a garantizar los derechos de las infancias, más bien normalizan la violencia pues hacen de la calle el hogar de los niños y eso no es oportunidad real.
Señalar con tanta severidad a quienes tienen el deseo de poner manos a la obra para mejorar la vida de las infancias de y en la calle parece cruel, insensible y hasta un tanto mal intencionado, pero no va por ahí. Manuel Gómez Morín hace más de 100 años enunció que el bien mal realizado es peor que el mal mismo y por eso la intención de señalar nuestros errores y apuntar hacia donde sea posible realizar el bien bien hecho por y para las niñas, niños y adolescentes.

