La tutela de los derechos y la confianza en las instituciones

 La tutela de los derechos y la confianza en las instituciones

En un Estado constitucional de Derecho, la protección de los derechos humanos no puede entenderse únicamente como una obligación normativa; constituye, además, una responsabilidad permanente de todas las autoridades para garantizar que las personas encuentren mecanismos efectivos de tutela y acceso a la justicia desde las primeras instancias institucionales.

En los últimos años, México ha avanzado significativamente en la construcción de instrumentos jurídicos orientados a proteger los derechos de las mujeres y erradicar cualquier forma de violencia en su contra. La incorporación de la perspectiva de género en las decisiones públicas, el fortalecimiento de los mecanismos de acceso a la justicia y el reconocimiento de la violencia política contra las mujeres representan una parte importante de una evolución institucional y democrática que ha sido resultado de décadas de lucha social, jurídica y política.

En este contexto, el caso recientemente relacionado con la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, ha generado un debate público que trasciende las posiciones políticas y que invita a una reflexión mucho más profunda sobre el papel de las instituciones frente a la tutela efectiva de los derechos humanos.

Más allá de las opiniones o valoraciones particulares que puedan existir sobre los hechos, lo cierto es que este tipo de asuntos evidencian la enorme responsabilidad que tienen las autoridades de impartición de justicia y los órganos del Estado de garantizar que toda persona encuentre mecanismos claros, accesibles y efectivos de protección institucional.

La discusión jurídica generada en torno a la competencia de las autoridades para conocer determinados asuntos forma parte natural del Estado de Derecho. Sin embargo, también resulta indispensable reconocer que las resoluciones institucionales generan impactos sociales y percepciones públicas que deben ser consideradas con sensibilidad y responsabilidad democrática.

Cuando una persona acude a las instituciones en búsqueda de protección o tutela de derechos, particularmente en casos vinculados con posibles actos de violencia contra las mujeres, la ciudadanía espera respuestas que fortalezcan la confianza pública en la justicia y en las instituciones encargadas de garantizarla.

Por ello, más allá de las determinaciones jurisdiccionales que correspondan en cada caso concreto, resulta fundamental reflexionar sobre la importancia de que las primeras instancias institucionales generen condiciones de certeza, atención y protección efectiva para quienes consideran vulnerados sus derechos.

El artículo 1º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM) establece con claridad la obligación de todas las autoridades de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos conforme a los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. Este mandato constitucional no distingue ámbitos, niveles de gobierno ni naturaleza de las autoridades; por el contrario, constituye una obligación permanente para todo el aparato estatal.

En ese sentido, la protección de los derechos humanos no debe limitarse únicamente a la existencia formal de procedimientos o recursos legales. También implica la capacidad institucional de generar confianza, certeza y acompañamiento para las personas que acuden ante las autoridades en busca de justicia.

México ha construido durante décadas instituciones y mecanismos orientados a fortalecer la igualdad sustantiva, prevenir la violencia y garantizar mayores espacios de protección para las mujeres. Ese esfuerzo institucional no puede debilitarse. Por el contrario, cada actuación pública debe contribuir a consolidar una cultura democrática donde las personas perciban que sus derechos encuentran respaldo efectivo en las instituciones del Estado.

La tutela judicial efectiva y la perspectiva de género no constituyen únicamente conceptos jurídicos; representan herramientas fundamentales para garantizar una justicia más cercana, sensible y humana frente a contextos de vulnerabilidad y violencia.

En una sociedad democrática, ninguna persona debe percibir que sus derechos quedan en una zona de incertidumbre o desprotección institucional. La fortaleza de las instituciones no se mide únicamente por la legalidad de sus resoluciones, sino también por la capacidad de generar confianza pública y garantizar mecanismos efectivos de protección desde las primeras instancias de atención y justicia.

Hoy más que nunca, las instituciones tienen el desafío de fortalecer la confianza ciudadana mediante actuaciones sensibles, imparciales y comprometidas con la dignidad humana. Porque cuando una persona acude al Estado buscando protección, la confianza también forma parte de la justicia que debe garantizarse.

Dra María Guadalupe González Jordan

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