La entidad más poblada del país, con altas concentraciones poblacionales, con cerca de 900 mil unidades económicas, millones de vehículos moviéndose todos los días, decenas de vías de comunicación por donde se mueven millones de litros de combustibles, miles de sustancias químicas, ríos y presas, quema de pirotecnia y riesgos naturales, contar con un Atlas de Riesgos es indispensable.
Sin embargo, a la fecha de los 125 municipios que integran el Estado de México, sólo 55 cumplen, en otros 34 casos hay alguna observación que tienen pendiente y en 36 casos más no cuenta con este instrumento, vital para prevenir riesgos, indicó el presidente de la comisión de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, en la Legislatura estatal, Valentín Martínez Castillo.
Los municipios que están en falta son: Acambay, Aculco, Almoloya de Juárez, Amatepec, Axapusco, Ayapango, Calimaya, Chapultepec, Chiautla, Chiconcuac, Cuautitlán, Donato Guerra, Ecatzingo, Ixtapaluca, Jilotzingo, Jocotitlán, Juchitepec, La Paz, Mexicaltzingo, Morelos, Nextlalpan, Ocuilan, Otumba, Polotitlán, San Antonio la Isla, San Martín de las Pirámides, Santo Tomás, Tecamac, Tejupilco, Temascalapa, Temascalcingo, Tepetlaoxtoc, Tepetlixpa, Timilpan, Villa de Allende y Zumpango.
En todos estos casos van a mandarles un oficio para que las y los presidentes municipales se apliquen directamente, pues es importante que un gobierno sea reactivo y actúe, pero es más importante que pueda prever y evitar riesgos y pérdidas humanas, materiales y económicas.
“Tenemos que buscar a los presidentes municipales y ver la manera de que haya una sanción porque si nosotros no tenemos la radiografía de quienes están en zonas de riesgo y no advertimos a la población, por esa razón tenemos pérdidas humanas y no se pueden estar trabajando así, ni tampoco podemos estar solo reportando estadísticas cuando no estamos haciendo una prevención correcta, no estamos advirtiendo que esto se tiene que tomar en cuenta”, subrayó.

El Atlas de riesgo es “un sistema que sirve como base de conocimiento del territorio y de los peligros que pueden afectar a la población y a la infraestructura, cuidando el entorno. También es una herramienta que permite hacer una mejor planeación del sistema integral de riesgos para contar con infraestructura más segura y de esa forma contribuir a la toma de decisiones para la reducción de riesgos de desastres, a través de la cultura de autoprotección”.
Entre sus objetivos, señala Protección Civil, está orientar los planes de desarrollo urbano, valorar posibles escenarios de afectaciones, gestionar el uso correcto del suelo, dar seguridad a las inversiones públicas y privadas, facilitar la emisión de declaratorias de emergencia y desastre facilitar y mejorar la toma oportuna de decisiones, entre otros.
Sirve para conocer la frecuencia e intensidad de los peligros en el territorio, identificar los procesos físicos y sociales que genera el riesgo, visualizar proyecciones a futuro del impacto de un fenómeno, implementar medidas preventivas en infraestructura expuesta a un riesgo, estimar el costo del impacto de un fenómeno, estimar las necesidades de las áreas declaradas en emergencia o desastre, concientizar a la población sobre los riesgos a las que están expuestas, orientar políticas públicas para disminuir riesgo y desastres.
En estos documentos se proporcionan detalles y mapas de los peligros ante distintos fenómenos naturales y antropogénicos como son sismos, inundaciones, tornados, actividad volcánica, explosiones, plagas, entre otros, con lo cual se puede identificar las zonas e infraestructura que se pueda dañar y los recursos para prevenir o atender esas emergencias.

Tan solo en lo que a inundaciones se refiere, la Comisión del Agua del Estado de México advierte que, por los fenómenos registrados durante el año pasado, 17 por ciento de la superficie del Estado de México presenta algún grado de susceptibilidad a inundaciones, de acuerdo al análisis espacial que combinó cinco factores para cada punto del territorio, las características del terreno y su capacidad para drenar el agua, el tipo de suelo y su permeabilidad, los niveles de precipitación, la proximidad a ríos y cuerpos de agua y el uso de suelo.
Otro 67% de la superficie está en riesgo medio y 9% riesgo alto, concentrado principalmente en la zona metropolitana donde la urbanización intensa reduce la capacidad de suelo para absorber el agua y la infraestructura de drenaje enfrenta mayor presión.
El Atlas detalla los fenómenos geológicos por hundimientos, actividad volcánica, sismos e inestabilidad de laderas; los fenómenos hidrometeorológicos por inundaciones, tornados, ondas gélidas, granizadas, nevadas, sequías tornados, heladas, ondas cálidas y sequías; los fenómenos sanitarios -ecológicos se refieren a la contaminación del suelo y la calidad del agua; los fenómenos químicos. tecnológicos a los incendios y a la pirotecnia; los fenómenos socio organizativos a accidentes y eventos de concentración.
FOTOS: ESPECIALES / INFOGRAFÍA: IGNACIO HERNÁNDEZ
