El crecimiento de la población de luciérnagas registrado este año en Bosque Esmeralda, ubicado en el Ejido Emiliano Zapata, en Amecameca, refleja el impacto que pueden tener las acciones de conservación sobre los ecosistemas. En el marco del décimo aniversario del proyecto de avistamiento, el parque reportó una densidad de 432 mil luciérnagas por hectárea, cifra que supera ampliamente las 180 mil por hectárea documentadas cuando inició el programa hace una década.
Sin embargo, detrás de este resultado también surge una advertencia: la permanencia de estas poblaciones depende directamente del estado de conservación de los bosques, particularmente frente al avance de la tala ilegal, una de las principales presiones ambientales en la región de los volcanes y otras zonas forestales del Estado de México.
El director general de Bosque Esmeralda, Rafael Parrilla Arroyo, explicó que las luciérnagas requieren condiciones ambientales muy específicas para completar su ciclo de vida. Su hábitat ideal se encuentra en bosques de pino-encino, con temperaturas de 10 a 14 grados centígrados, una humedad relativa de 75 a 85% y vientos de apenas 1 a 3 kilómetros por hora.
La extracción ilegal de árboles altera ese equilibrio. Al abrir claros en el bosque, aumenta la radiación solar sobre el suelo, disminuye la humedad ambiental, se incrementa la temperatura y cambia la dinámica del viento. Estas modificaciones reducen las condiciones necesarias para que las larvas sobrevivan y para que los adultos puedan reproducirse durante la temporada de apareamiento.

El especialista recordó que investigaciones encabezadas por la científica Sara Lewis han identificado a las luciérnagas como uno de los principales indicadores del buen estado de conservación de los ecosistemas forestales. En otras palabras, donde existen poblaciones abundantes de estos insectos, el bosque mantiene condiciones ambientales favorables.
Por el contrario, cuando las poblaciones comienzan a disminuir, el fenómeno suele asociarse con alteraciones provocadas por actividades humanas, entre ellas la tala clandestina, el cambio de uso del suelo, la fragmentación del hábitat y la contaminación lumínica.
Bosque Esmeralda aporta una nueva especie al inventario nacional
Además del incremento poblacional, el parque se consolidó como uno de los sitios con mayor diversidad de luciérnagas en México. Actualmente alberga ocho especies, entre ellas Photinus esmeraldensis, una especie endémica cuyo descubrimiento permitió que el inventario nacional pasará de 93 a 94 especies. A nivel mundial se tienen registradas más de 2 mil especies de luciérnagas.
El espacio funciona como una Unidad de Manejo Ambiental (UMA) dedicada a la restauración, conservación e investigación de estos insectos, además de desarrollar programas de educación ambiental para visitantes y estudiantes.

Conservación beneficia al turismo y al control plagas
Durante la temporada 2026, comprendida entre el 5 de junio y el 2 de agosto, Bosque Esmeralda recibió más de 14 mil visitantes, tanto nacionales como internacionales, principalmente provenientes de países asiáticos como China, Corea del Sur y Japón.
Parrilla Arroyo destacó que las luciérnagas también cumplen una función ecológica importante, ya que sus larvas actúan como controladores biológicos al alimentarse de plagas forestales como la gallina ciega, lo que favorece el desarrollo de árboles y otras especies vegetales.
La protección será cada vez más necesaria
Aunque las luciérnagas aún no están catalogadas oficialmente como especie en riesgo dentro de la Norma Oficial Mexicana NOM-059, el director de Bosque Esmeralda consideró que la pérdida gradual de hábitat y la escasa investigación científica podrían llevar a que diversas especies requieran protección legal en el futuro.
La preocupación no es menor. De acuerdo con información de PROBOSQUE, el Estado de México cuenta con 1 millón 80 mil 374.9 hectáreas de superficie forestal, equivalentes a 48.6% del territorio estatal. Sin embargo, 138 mil 966.8 hectáreas presentan procesos de degradación o deforestación, ocasionados principalmente por la tala ilegal, el cambio de uso de suelo, incendios forestales, plagas, enfermedades y asentamientos humanos irregulares.

La dependencia reconoce que la pérdida de cobertura forestal representa una de las principales amenazas para los servicios ambientales que brindan los bosques mexiquenses.
En ese contexto, Rafael Parrilla Arroyo concluyó que la disminución de las poblaciones de luciérnagas suele ser una señal de deterioro ambiental.
Explicó que la apertura de claros provocada por la tala clandestina incrementa la temperatura del suelo, reduce la humedad y modifica la incidencia de luz, factores que alteran el hábitat que requiere la especie para sobrevivir y reproducirse.
Recordó que Bosque Esmeralda alberga ocho especies de luciérnagas, incluida la endémica “photinus esmeraldensis”, y alcanzó este año una densidad récord de 432 mil luciérnagas por hectárea, lo que contrasta con el escenario que enfrentan otras zonas forestales afectadas por la pérdida de cobertura vegetal.
PROBOSQUE también ha señalado que la tala ilegal acelera la desaparición de hábitats esenciales para la biodiversidad y compromete servicios ambientales como la conservación del agua y la protección de especies silvestres.
FOTOS: DAVID VILLANUEVA.
